Entre llamas
por Keytlin Elliot
Fue un atardecer triste y muy agitado para el departamento de bomberos. Se disponían a abandonar el lugar que había sido el escenario de un terrible incendio, cobrando la vida de tres personas aún no identificadas, cuando, de pronto, cómo si el cielo quisiera apiadarse, desciende una llovizna y el petricor se esparce por el lugar.
El capitán observa detenidamente sobre el escombro y, al acercarse, se da cuenta de qué hay una especie de lata de zinc, cómo protegiendo algo. Se activa la alarma y se procede a descubrir un hueco.
Sus compañeros se abocan a levantar y apartar los obstáculos para descubrir una celda subterránea, donde yacía el cuerpo de una jovencita, quizás de unos dieciocho años, con un cuadro de desnutrición y deshidratación severos.
Los paramédicos proceden a evacuarla con mucho cuidado, ya que no saben si está muerta o aún viva.Los funcionarios bajan cuidadosamente con una camilla, pero antes revisa su pulso y sus signos vitales: eran débiles. Su cuerpo parecía cadavérico, su tez ligeramente perfilada, sus cabellos castaños rizados, su piel lozana y sus manos con una perfecta manicura. ¡Todos se preguntaban quién había orquestado ese plan macabro!

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