Es una noche tranquila en la alcoba
de los Mendez-Urriola, como siempre, se preparan para dormir, no sin antes
celebrar esa conversación poco trascendental que sirve de preámbulo al descanso
y que resulta obligatoria.
—¿Los chicos ya se acostaron?—Pregunta Raúl a
su esposa desde el lavabo mientras aún cepilla sus dientes.
—Sin problemas, Sebastián seguía con
aquello de ir al zoológico este sábado, ya se le ven tus cualidades mi amor. Es
igualito a ti. ¡Tan insistente!
—¡Ah sí! Me carga loco con ese tema,
les compraría un perro pero sabes que no soporto a los animales, nadie me va a
decir cuando sacarlos a cagar, a pasear. ¡A nada! Esos bichos se creen los amos
y no me lo vas a creer: Hay personas que se someten. ¡Me parece insólita esa
vaina!
—¿Y cómo te fue hoy en la oficina? No
te he preguntado, desde que llegué no he parado, discúlpame pero los chicos son
unos terremotos—Le comenta Tamara esperándolo en la cama-
—¿En la oficina? Igual que siempre,
aunque me colocaron unos quince manuscritos para revisar este mes ¡La gente ha
de estar desesperada!–
—¿Quince? ¿No son muchos? ¿Qué vas a
hacer Raúl?
—Lo de siempre, tu sabes que no leo
toda esa basura, recomendaré unos tres o cuatro, los que tengan el título más
atractivo o los que produzcan más papel y lo demás para la cortadora, no voy a
perder mi tiempo con eso.
—Me parece buena idea, por el sueldo
que te pagan ni deberías molestarte pero me imagino que el Señor Kotzen sigue publicando
desconocidos.
—Si, como siempre, tu sabes que es un
soñador: “Un purista de la lengua
castellana”—Se mofa Raúl de su jefe imitando con sus manos un ademán que le
caracteriza.
—Mi amor, ven acá y ya deja de
peinarte tanto, te vas a quedar calvo de tanto hacerlo, igual ya vamos a
dormir—Le habla suavemente su esposa Tamara mientras golpea con delicadeza su
lado del colchón a modo de invitación.
—Tamy, a veces me pregunto si en todos
esos manuscritos habré desechado alguno que tuviera valor, potencial o algo
interesante. ¿No te has cuestionado alguna vez ese punto?
—Ahora que lo mencionas tiene sentido
¿Pero cómo saberlo?
—Pues revisando, dedicando tiempo a
leer y por cierto, para eso me pagan—Le responde secamente Raúl mientras se
acomoda torpemente en la cama agitando la almohada para darle la forma que
tanto le gusta.
—Cuéntame algo ¿Armando aún sigue con aquello? Tú sabes, lo
de los favores a las escritoras.
—Tamy, el nunca menciona la palabra “Favores”, prefiere llamarlo “Cobros Literarios” y si, es un pervertido
ese Armandito, hasta ahora no ha tenido éxito, pero lo sigue intentando.
—¿Y eso no es ilícito mi amor? Puede
comprometer a la editorial.
—¿Ilícito? ¡Ilícito es el sueldo que
nos dan, Ilícito es no tener cómo pagar la hipoteca, el mantenimiento de la
piscina, el colegio de los niños o los giros del auto nuevo! En la editorial
sólo hay cuatro autores que producen dinero para todos, lo demás es relleno
Tamy, unos perdedores.
—Mejor ya vamos a dormir cielo, mi
madre buscará a los chicos al colegio, desocúpate temprano mañana y quizá
vayamos por un trago ¿Te gustaría?
—Es una desgracia, no podré mi amor,
mañana debo acompañar al Señor Kotzen a la Bienal de Literatura en Los Caobos
para promocionar a otros principiantes, el siempre apoyando a esa gente, no se
cansa de perder el tiempo. Yo en su lugar, les trasladaría los costos
operativos y saldrían espantados. ¡Son unos vividores, en vez de buscarse un
trabajo serio!
—¿No hay forma de cobrarles una
comisión? ¿Todavía no resuelves eso?
—Solo con algunos, llegan “Yuppies” a diario proponiendo sus intentos,
pero si al menos tuvieran talento, son unos “Pelucones
Pomposos” que no encuentran qué hacer con su dinero y como el lema de la
editorial es “Todos pueden escribir”,
imagínate cómo puede sonar eso en su mente. Es una licencia para el
atrevimiento de unos y la desesperación de otros.
—¿Aquel joven ya te hizo el pago? —Pregunta
Tamara mientras apaga la pequeña lámpara que reposa en la mesita de noche.
—Aún no, nunca debí aprobar su
manuscrito sin un adelanto. Y le hablé
muy claro acerca del trato: Discreto y en efectivo, si el Señor Kotzen me
descubre podría perder mi empleo ¿Te imaginas? ¡Le da un infarto al viejo!
—Eso no pasará, hazlo bien y podrás
seguir ayudándolos—Le susurra Tamara dándole un beso en la frente para luego
reposar sobre su pecho. ¿Qué harían ellos sin ti, Cielo?
—Nada mi amor, sin mí no hacen
nada—Sentencia Raúl.
—Ya duérmete loquito, estoy cansada.
—Hasta mañana cielo.
—Que descanses, estoy muy orgullosa
de ti.
—Lo sé Tamy, lo sé.
FIN

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