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Día 2

 



Tepic Nayarit, viernes 13 de febrero de 2009


Los viernes son tranquilos, las clases terminan a las once de la mañana. Es muy divertido tener un poco de tiempo extra para pasear por los pasillos de la facultad; o tal vez ir a dibujar a la biblioteca.


Mis compañeros se reunían a practicar sus ensambles; también la orquesta tenía sus ensayos en el auditorio.


Las ondas sonoras viajaban a través del viento, mezclando las notas que salían de sus instrumentos.


Las melodías se escuchaban por todas las aulas, muchos nos visitaban para escuchar música y relajarse un poco.


Por mi parte me senté en la escalera de la entrada, en ese lugar me gustaba observar los rostros y expresiones de mis compañeros. De una manera discreta, para no incomodar a nadie. Mi deseo era capturar las emociones lo más real posible en mis lienzos.


Mientras trazaba líneas, mis labios cantaban la Sonata n. 16 en do mayor de Mozart. Fue en ese momento cuando Martín pasó a un lado mío; se detuvo unos segundos hasta que su amigo Andrés se lo llevó.


Ese hombre era muy desagradable, se la pasaba juzgando a las personas por su apariencia; también le gustaba estar llamando la atención en todo momento.


No entendía como Martin tenía un amigo tan insoportable. Tal vez Martín era como Andrés, solo que no podía darme cuenta, mis ojos estaban cegados de amor, lo cual me impedía ver la realidad.


Eso era lo divertido al observar los rostros, no siempre lo que veíamos era lo real. A veces las personas nos dan una apariencia diferente a quienes son.


¿Quién era Martin? Tal vez al conocerle, me de cuenta que es aún más odioso que Andrés.


Descubrir los misterios, es lo que da sentido a la vida.


Camila Calderón


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