En medio de un bosque hallábase
un joven cisne mirando su curioso reflejo en el agua, como venía haciendo día
con día desde que vive en el bosque, con sus alas, frotó sus ojos suavemente
espantando el sueño, para inmediatamente después mirar al cielo —Hoy te
extraño un poco más… —dijo para sí mismo mientras se daba vuelta, mirando el
mismo sendero que recorría a diario desde hace años.
Descalzo, empapado, dejando pequeñas
huellas de agua tras sí, el joven Cisne Negro se percata de que otra forma de
vida había logrado entrar al bosque, su santuario, sagrado lugar personal. Sin
darle importancia continua su camino… dirigiéndose a la cima de una montaña, la
misma montaña que rutinariamente escalaba desde que entró en el bosque.
Un ensordecedor y constante
silencio acompañado de las pisadas del cisne eran la música del frondoso lugar,
paso tras paso el viento se volvía más y más fuerte, más y más notorio y más y
más ruidoso, absorto en sus pensamientos el viento fue fácilmente ignorado por
el cisne.
Pasado un largo rato, justo en la
hora del crepúsculo el joven cisne llega a la cima de la montaña, aún perdido
en sus pensamientos, espera pacientemente el caer de la noche. Volviendo en sí,
sintiendo el frío viento en sus plumas escucha unas tenues pisadas que,
acompañadas de un titiriteo notorio por el frío «Que molesto» piensa dándose la
vuelta en el instante. Sorprendido, visualiza a una linda joven de cabellos
dorados, ojos verdes y piel tan blanca como la nieve, aunque estaba oscuro, el
cisne podía verla con claridad, cosa que no sucedía con nadie desde hace ya
cien años, la joven al notar la repentina atención del cisne, habla.
—D-Disculpa pequeño cisne —exhala
debido al frío —¿De casualidad sabes dónde estamos? —un tanto confundido el
joven cisne permanece en silencio —¡Oh…! Claro… debí suponer que no podrías
hablar, después de todo eres un cisne… pero… que color tan extraño… —dándole la
espalda un momento notó que las estrellas los iluminaban a ambos, las mismas
estrellas que le hablan desde hace trescientos años, preguntándose por qué. Es
repentinamente abrazado por la dulce joven.
— Por cierto, ¿qué haces aquí arriba? —uniendo
de esta forma la luz de dos estrellas sin saberlo, la joven no obtiene ni una
respuesta —esto podría ser raro… pero necesitamos estar cálidos para
sobrevivir… oh… oye, pequeño cisne, ¿vienes aquí seguido? Debe ser horrible
soportar el frío tú solo… de casualidad ¿no sabrás por qué las estrellas nos
iluminan? —la joven ríe dulcemente —estoy hablando con un cisne… —hay un
intervalo de silencio acompañado del sonido del viento y las respiraciones de
ambos, hasta que la joven decide romperlo, mirando hacia la luna, pregunta;
-—¿Es hermosa no crees? —sonríe
cálidamente al cisne.
—Sí, lo es —responde el joven
cisne secamente; para después liberarse de sus brazos y mostrar su forma
verdadera. En un pestañeo el pequeño cisne se convierte en un joven de negros
cabellos, ojos cafés y piel blanca, con enormes alas de plumaje negro.
Sentándose a lado de la joven, abrigándola con sus alas.
—Estamos en el bosque —dirige su
mirada hacía ella.
—Entonces sí podías hablar… —la
joven expresa un tanto molesta mientras se acurruca entre sus alas —Evidentemente
fantasma…. —el cisne es interrumpido por la joven.
—Juno, me llamo Juno… es un
placer —dirigiendo la mirada directamente a los ojos del cisne pregunta —¿Y tú
eres?
—Yo… soy el Cisne Negro.

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